La estructura de Widmanstätten no es un tratamiento superficial ni un efecto decorativo: es la configuración cristalina interna de ciertos meteoritos ferrosos, y se vuelve visible solo después de que el material ha sido cortado, pulido y atacado con ácido diluido. El resultado es una retícula geométrica de bandas cruzadas, formada por dos fases distintas de aleación hierro-níquel: la kamacita, con bajo contenido de níquel, y la taenita, más rica en níquel. Estas bandas se disponen según planos octaédricos, razón por la cual los meteoritos que la muestran pertenecen a la clase de los octahedrites.
La razón física del fenómeno es el enfriamiento extraordinariamente lento del núcleo de un planetesimal fragmentado. La velocidad estimada es de pocos grados Celsius por millón de años: una condición imposible de replicar en laboratorio, y este es el punto que importa en relojería. No existe proceso industrial que produzca una estructura equivalente. Cada lámina de meteorito tiene por tanto un dibujo irrepetible, variable en orientación, densidad de las bandas y tamaño de los cristales.
En el taller, trabajar una lámina de meteorito para obtener una esfera impone algunas precauciones que quien nunca ha tocado el material tiende a subestimar. El hierro-níquel es frágil de forma imprevisible: se desprende siguiendo los planos cristalinos, no según el corte. La corrosión es el riesgo principal a largo plazo; por eso casi todas las esferas de meteorito reciben un tratamiento protector, que varía de una casa a otra: vapor de plata, laca transparente, níquel electrolítico, oxidación térmica controlada. Esta última, usada por ejemplo en el Muonionalusta tratado por De Bethune, vira el color hacia el azul sin alterar la geometría de la retícula.
Los meteoritos más utilizados en relojería son el Muonionalusta, extraído en la frontera sueco-finlandesa y estimado con una edad superior al millón de años, y el Gibeon, hallado en Namibia. Ambos son octahedrites con estructura de Widmanstätten bien definida. El Muonionalusta tiende a bandas más finas y regulares; el Gibeon muestra a menudo cristales más grandes y una retícula más abierta. La procedencia no es un detalle estético: incide en la trabajabilidad, en la respuesta a los tratamientos químicos y en la estabilidad a lo largo del tiempo. No conozco datos precisos sobre el comportamiento comparado a largo plazo de los distintos tratamientos protectores aplicados en serie; es un tema sobre el que me movería con cautela.



