La magnetización es hoy la causa más frecuente de inexactitud en los movimientos mecánicos que llegan al taller. No es una patología rara: un teléfono inteligente sobre la mesilla de noche, un cierre magnético de un bolso, una resonancia magnética en el hospital — basta poco para desplazar una espiral de acero unos centésimos de milímetro y sacar el reloj fuera de tolerancia sin que el portador se dé cuenta de inmediato.
El campo magnético se mide en Amperios por metro (A/m) o en Gauss: 1 Gauss corresponde a aproximadamente 79,6 A/m. El estándar ISO 764, que define el umbral mínimo para etiquetar un reloj como antimagnético, se detiene en 4.800 A/m (60 Gauss). El problema es que este umbral es ampliamente superado por objetos de uso cotidiano: una laptop genera hasta 16.000 A/m (200 Gauss), y una tableta o un teléfono inteligente no se quedan muy atrás. En otros términos, un reloj certificado ISO 764 está protegido contra campos industriales de los años Cincuenta, no contra los de 2024.
La respuesta histórica fue la jaula de Faraday: una pantalla interna de hierro dulce que desviaba el flujo magnético antes de que llegara al volante. El Rolex Milgauss, nacido en 1956 para los físicos del CERN, y el primer IWC Ingenieur utilizan este enfoque. La jaula funciona, pero impone límites al espesor de la caja y a la visibilidad del movimiento.
La alternativa moderna es hacer el movimiento en sí antimagnetético, sustituyendo los componentes ferromagnéticos críticos por materiales no susceptibles: espirales de silicio (Blancpain Fifty Fathoms, calibre 1315), en Nivachron (Certina, ETA Powermatic 80), en Silinvar (Patek Philippe). El silicio es diamagnético, no se magnetiza y no necesita jaula. Esto permitió al METAS certificar el Cronómetro de Maestría Omega a 15.000 Gauss, tres órdenes de magnitud más allá de ISO 764.
En el taller, el diagnóstico es simple: se acerca una brújula al cristal — si la aguja se desvía, el movimiento está magnetizado. La desmagnetización se hace con un desmagnetizador de corriente alterna: treinta segundos, sin desmontaje, sin riesgo si se ejecuta correctamente. Lo que no se hace es pasar el reloj sobre un imán permanente pensando en invertir el proceso: se empeora la situación.
Un caso aparte es el antimagnetismo absoluto requerido en ámbito EOD y submarino militar: el Bund ref. 3519 AMAG debía tener campo residual cero porque un buzo desmainador no podía permitirse ni un rastro de magnetismo. Esa especificación es otra cosa respecto a la resistencia a los campos ambientales: no basta no magnetizarse, hay que no estar ya magnetizado desde el inicio.